Si hay una palabra que define el mundo del vino es, tradición, la que se respira por los cuatro costados en la bodega Magalarte, porque el apellido Aretxabaleta y el txakoli han ido de la mano siempre. Hoy nos reciben Iñaki y Andoni, padre e hijo Aretxabaleta para repasar la historia de su bodega.

Aunque hace más de 120 años y con los medios de entonces, en casa de los Aretxabaleta ya elaboraban más de 5.000 litros de txakoli, fue a finales de los 80 cuando Txakoli Lezama Magalarte vivió su punto de inflexión promovido por Andoni padre, su afán por conservar “lo propio” y su amor a la agricultura. Junto a once personas más, creó la asociación Bialtxa de txakolineros que más tarde solicitarían la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina. Hoy todo el trabajo que hay detrás de esa iniciativa se ha visto recompensado con creces, ya que el txakoli bizkaino ha pasado de ser algo relacionado con el folklore y las fiestas populares a ser mundialmente reconocido, que se exporta y que recibe premios internacionales.

Bodega Magalarte Lezama Txakolina

En las cartas de los restaurantes, el producto local debería estar en primer lugar

Sin embargo, aún  tiene que conquistar su propia tierra. “Hay que cambiar la mentalidad de la hostelería, porque el turismo que viaja a Euskadi viene buscando lo típico”, comenta Iñaki. “Lo mismo que nos esforzamos en que conozcan San Juan de Gaztelugatxe, el Guggenheim… debemos hacerlo con el txakoli. Nuestro vino debe estar en la primera posición de las cartas de vino y destacado como producto local”.  

La Bodega Magalarte es una de las 44 bodegas bizkaianas que forman parte de la D.O. Bizkaiko Txakolina. Asentada en un paraje inigualable de Lezama. Un pueblo de Txorierri que mantiene su esencia y sin apenas industria y que ofrece todo lo necesario a las viñas de la bodega. Sus parras de Hondarri zuri en su mayoría, se asientan en unas tierras bien ventiladas, en ladera y con orientación sur, lo ideal para la maduración de sus uvas.

Bodega Magalarte Lezama Txakolina

El txakoli de calidad ya no se golpea

Tan importante como el suelo o la variedad de la uva, lo es el factor humano. En la Bodega Magalarte la recogida de la uva se hace a mano porque permite conservarla en mejor calidad y dar con su punto óptimo de maduración. Por ello es importantísimo seleccionar los días de vendimia, tras análisis de grano, acidez, pepitas y catas aleatorias. Tras la vendimia, el mosto se mantiene en frío y luego se inertiza en hidrógeno para que no se oxide. Como los aromas del txakoli prácticamente están en la piel, hollejo y pulpa se mantienen en la maceración pre fermentativa, dando con la mayor extracción aromática y con un caldo más intenso.

Un trabajo con mimo y cuidado cuyo resultado es un txakoli seco,  joven, de graduación moderada, aromático, fresco y con una agradable acidez, fruto de sus variedades Hondarribi zuri y Hondarribi zuri zerratia, un vino de calidad que se esfuerza año tras año en superarse y en seguir recogiendo reconocimientos. (link hacia premios txakoli)

Hoy, Iñaki y Andoni llevan el timón de la bodega que va por su quinta generación, aprendiendo y mejorando juntos, para dar continuidad a este legado e innovar nuevos caminos. Entre las novedades que veremos en su nueva cosecha está una nueva marca, Ieup!, de mayor calidad que se suma a su Magalarte Lezama Txakolina y a Magalarte Lezama Txakolina fermentado en barrica, con más cuerpo, mejor vejez y aromas a madera. Más habrá que esperar para catar su futuro Txakoli tinto hondarrabi beltza, del que han empezado a plantar las primeras parras. Sabia fresca pero bien preparada donde se funde la pasión por el vino con la especialización y formación académica.